Ella tuvo dos amores. Uno la quería cambiar para mejorarla. Otro la deseaba como musa de inspiración. Ninguno la amaba por ser quien era, y ella tampoco lo hacía. Hasta que apareció él.
Luego de dejar un mail sin contestar y a su perro al cuidado de alguien más, Islandia fue la parada no planeada que cambió todo. Entre cascadas inhóspitas, géiseres de agua ardiente y ríos de lava, él le enseñó quién podría ser si dejara de intentar encajar.
Ella respondió con rebeldía y fuego. Y ambos quedaron marcados para siempre.
Un encuentro improbable. Un amor inevitable.
